Covid-19, Loterías, Dios, el Caso y las vidas humanas que se van

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___        __Estas consideraciones se han tomado entre el 22 y 23 de Abril de 2020
No sabemos cómo calificar la actual situación de vida
que estamos pasando en España y en el resto del mundo:
nosotros, los humanos.
Es decir hay diferentes términos aplicables.
Es algo de trágico, aparentemente incomprensible,
pero entendible, irreal, imprevisible y descontado a la vez.
Todo tiene un contrasentido.
Para comenzar debemos relacionarnos a las loterías y
a pesar de que uno pueda considerar la siguiente
opinión como “inmoral”, afirmar que:
la vida misma es una lotería.
__¿Porqué muere uno y no otro?
__¿Porqué muere alguien que ha sido contagiado y otro no?
__¿Porqué salió el 18 y no el 17?
__¿Porqué salió el 18 y no el 49?
Si no se cree así, no hay que tomar esta cosa
demasiado en serio pero tampoco demasiado en broma.
Unas cuantas religiones en los primeros tiempos
de la historia determinaron también la evolución
laica de las varias organizaciones de vidas humanas
que se han ido formando.
Comparar Dios con el Caso era inaceptable.
Por supuesto hubiera debido que ser inaceptable,
ya que aparentemente Dios y la Casualidad eran
considerados sólo como opuestos, contrarios,
casi enemigo si no más.
Era por suponer inadmisible, profana e
inmoral la proximidad de un juego de bolas
con números (por ejemplo) y las circunstancias
de la vida, la vida misma, creación Divina.
Repetimos que, aunque a alguien pueda sentar inaceptable
y no reconocerlo, Dios y el Caso son una misma cosa.
Luego a cada uno de los dos se le da lo que “merece”,
pero son una misma cosa.
Volviendo al problema de cómo enfrentarse al coronavirus,
con la excusa (por cierto reconocida, aceptada y entendida)
de salvar cuantas más vidas humanas a causa de la pandemia
en acto, se está haciendo una especie de primera prueba general
de lo que en el futuro, sobre la Tierra, en el espacio o en otro planeta,
será organizado: el grande imperio único humano.
Con estas afirmaciones nos relacionamos a un libro
de Aldous Huxley “Brave new world” (equivocadamente
traducido en Español como “Un mundo feliz”).
Huxley entre otras cosas era un “visionario”
(tenía los “papeles” por serlo) e imaginó un futuro
en el cual los hombres parece que se quieren ir metiendo
ahora.
Y el tipo de sociedad predicho en la que haya un poder
central que establece todos y que tiene control total
sobre todos los individuos es lo que, especie en España,
se está, aunque inconscientemente, ahora probando.
Es que con el dictado obligatorio de no salir de casa
por causas de salud pública se está legitimando una
situación de prisión encubierta, dulcificada por el
hecho de estar en propias viviendas, aunque con
algunas concretas salidas comprobables por la autoridad
competente, que puedan demostrar de no perjudicar
nuestros derecho principal de vida, es decir:
la libertad.
Una cosa es que a alguien le pueda gustar estar en su casa,
trabajar en su casa, disfrutar de su casa, cómo y cuando
quiera.
Otra cosa es que aparentemente se hace lo mismo
pero por la obligación exterior de cualquier otro agente.
Al día de hoy (24/4/2020) lo que sabemos, según
alguien dice, del desarrollo social que seguirá
al problema principal del virus, como la reducciones
de fallecimientos y más control de la pandemia (?),
es que vaya a ser otra vida, no será como antes.
Por supuesto si es por eso, la vida cambia cada
segundo, cada respiración de todos los seres de
todo el mundo.
Sin embargo: – ¿Por qué deberíamos pasar un
cambio así drástico?
Quién lo decide?
Y cual autoridad representa aquel para presumir
de orientar una gran masa de gente hasta todo
el género humano hacía más formas de control?
Aclaramos: algunos deberían ser despiertos y neutrales.
Sin embargo ¿cómo puede ser neutral alguien
que milita toda su vida en un mismo partido político.
Sentimos por un lado cierto grado de ofensa para
todos aquellos que de buena fe, hayan participado
y participan siempre y sólo por un mismo partido.
La cuestión es que, siendo la vida algo cambiante
en continuación, no tiene cabida una posición ideológica
fija. No puede tener cabida un mismo ideal permanente
que no vea la Realidad de los varios momentos de la vida
y por lo tanto no sepa adaptarse y tomar decisiones
objetivas.
Efectivamente lo que estamos pasando era y es un problema
sanitario, no un problema social de orden público así
como ha sido “interpretado”.
En Italia y especialmente en España se ha abordado el caso
con evidente retraso e imprudencia, además siguiendo
protocolos de vida de la población china.
Esta última, a diferencia de los países occidentales
en los que la gente está acostumbrada a cierta libertad,
tiene larga practica de dependencia, sumisión y empatía
a los órganos gubernamentales.
Desde el momento en qué surgió este problema sanitario
en China hasta que informaciones especificas se
proporcionaron al mundo occidental, por la gestión
que rápidamente estaba cumpliendo el país asiático,
era por prever el peligro que habría significado
la aparición de este virus en Europa y resto del mundo.
En países como España o Italia las construcciones de hospitales
pueden tardar años y a menudo sobrepasar la prevista terminación.
Es que los Chinos hicieron dos hospitales en diez días;
y los hicieron.
En una página de noticias de Yahoo del 25 de Enero con título:
“Coronavirus: el brote ‘se está acelerando’ y
China está en una ‘situación grave’, según Xi Jinping”,
los que somos buenos “videntes” y estudiosos
de estadística pusimos un primer comentario:
Pero empezando por Italia y luego en España
(a pesar esta última de tener al alcance también
lo que estaba ocurriendo en Italia) hubo imprudentes
fallos políticos, retrasos a remolque de decisiones
que han acabado determinando una toma de situación
de manera autoritaria de orden público cuando
el problema que se veía venir era y es de orden
sanitario.
Se ha interpretado el todo como una guerra contra el virus,
en la cual se hubiese ganado y se ganaría.
Sin embargo no ha sido y no es una guerra
y si fuera esta una “competición bélica”,
considerados los avances tecnológicos de esta
época, resultaría que el hombre puede que
gane las batallas pero haya ya sobradamente
perdido esta “guerra”. Además consideramos que
se compite con un “agente” invisible y tan pequeño.
Entonces nada de alabanzas;
y miramos por gastarnos el dinero no en armamentos,
más bien en las investigaciones científicas y sanitarias.
Ahora bien, una vez ocurrido el fallo general
no podemos cambiar de estrategia y el curso
sigue así.
Sin embargo estos días también se han manifestados
extremos comportamientos humanos de “recuperación”
de la propia libertad individual y por otro lado
una tentativa de prevaricación general hacia
el pueblo por parte de los actuales dirigentes.
Hemos asistido a un sinfín de despropósitos,
improvisaciones continuas, incluso permitir manifestaciones
a sabiendas de la rapidez y facilidad con que el virus
se estaba propagando o luego, las compras tardía y
equivocadas de material sanitario.
En España es evidente la incompetencia con la cual
se ha abordado el caso por los actuales gobernadores
y sus presuntos expertos (quizás hubiese sido
lo mismo si hubieran sido de otros partidos).
¿Hay constancia y reflexión de las miles de detenciones
que se han producido a causa del virus y a cientos por día
que se van produciendo?
Haría falta de otros cárceles para “organizar” a todos
estos detenidos que, aunque se acaten por correctas
las operaciones policiales ordenadas, por algunos
de ellos la única culpa pueda que haya sido sólo la
de salir fuera de casa.
¿Tiene algún sentido esto?
Hay una circunstancia particular de la cual
necesitamos tratar.
De un lado reconocimos que por el elevado índice
de contagio no se permita que un cadáver de un fallecido
de Covid-19 (en mayoría ancianos) reciba sus respetuosos
ritos fúnebres.
Por otro lado consideramos trágica la situación de aquellas
familias que no hayan podido ni siquiera despedirse
de sus padres y abuelos que con sus vidas nos permitieron poder
vivir relativamente en paz y progresar en el mundo material
occidental hasta poco.
En la ocasión hemos constatado falta de sensibilidad y
de empatía hacia aquellos que han perdido sus caros
sin incluso poderles ver y acompañar por última vez.
Lo entendimos. Ha sido un gran problema que se ha formado
tan rápidamente y ha cogido por sorpresa a todos
por lo que algún regente en sus resoluciones
se ha visto desbordado.
Pero esta circunstancia quedará en la historia como un peso moral
que algún gobernador europeo, por sus ineptidud (puede ser),
llevará consigo para siempre, especie en España.
Habrá que reconstruir un tejido lacerado
en los derechos humanos individuales y en las emociones.
Esperamos que por lo menos no haya violencia.
Así que por un lado nos toca estar pendiente
que no salga el número de nuestra……muerte.
Por otro seguimos metidos (al día de hoy) en esta
desconcertante situación.
Después de pasar momentos angustiosos
esperamos de resurgir:
que lo haremos.
Un saludo para todos.

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